MADRID, 08 (SERVIMEDIA)

El nitrato ingerido durante la vida adulta a través del agua del grifo y embotellada podría ser un factor de riesgo de cáncer de próstata, sobre todo en el caso de tumores agresivos y en hombres más jóvenes, según un estudio realizado en España y liderado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), centro impulsado por la Fundación «la Caixa».

Según informó este miércoles el centro de investigación, los resultados de este trabajo científico se acaban de publicar en la revista ‘Environmental Health Perspectives’.

La investigación también apuntó a un papel importante de la dieta. Así, el equipo investigador encontró que comer abundante fibra, frutas y verduras o vitamina C podría reducir este efecto negativo del nitrato en el agua de consumo.

El objetivo del estudio era evaluar si existía una relación entre la ingesta de nitrato y trihalometanos (THMs) a través del agua de consumo y el cáncer de próstata. Tanto el nitrato como los THMs son dos de los contaminantes más habituales del agua de consumo.

El nitrato presente en el agua procede de los fertilizantes y excrementos de la agricultura y ganadería intensivas. La lluvia lo arrastra hasta los acuíferos y ríos.

ALTERACIÓN DEL CICLO NATURAL

En este sentido, la investigadora de ISGlobal especializada en contaminación del agua, Cristina Villanueva, explicó que «es un compuesto que forma parte de la naturaleza, pero hemos alterado su ciclo natural». Ahora se estudia si una exposición al nitrato sostenida a lo largo de la vida adulta podría llegar a desencadenar un cáncer.

Por su parte, los THMs son subproductos de la desinfección del agua, es decir, compuestos químicos que se forman tras desinfectar el agua para su consumo, generalmente con cloro. A diferencia del nitrato, cuya única ruta de entrada es la ingestión, los THMs también se pueden inhalar y absorber a través de la piel al ducharnos, asistir a piscinas o lavar los platos.

La exposición a largo plazo a THMs se ha asociado con un mayor riesgo de cáncer de vejiga, pero hasta el momento la evidencia de su relación con otros tipos de cáncer ha sido muy limitada.

Para evaluar la posible asociación entre el cáncer de próstata y la exposición a largo plazo al nitrato y los THMs en el agua de consumo, un equipo investigador liderado por ISGlobal estudió 697 casos de cáncer de próstata de hospitales españoles entre 2008 y 2013 (de los cuales 97 presentaban tumores agresivos), así como otros 927 hombres de entre 38 y 85 años que no estaban diagnosticados de cáncer en el momento del estudio y que ejercieron de grupo de control.

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Conociendo dónde habían vivido esas personas y el tipo de agua (del grifo, embotellada o, en algún caso, de pozo) así como la cantidad de agua que habían bebido a lo largo de su vida, se estimó la media de nitrato y trihalometanos a la que cada participante habría estado expuesto desde los 18 años.

Cuanto mayor fue el nitrato ingerido, mayor fue la asociación con el cáncer de próstata. Aquellos participantes con ingestas más altas de nitrato a través del agua (más de 14 mg/d de media a lo largo de la vida) multiplicaban por 1,6 la probabilidad de padecer un cáncer de próstata de bajo grado o medio, y multiplicaban casi por 3 la probabilidad de desarrollar un tumor de próstata agresivo, comparados con aquellos participantes que presentaban ingestas de nitrato más bajas (menos de 6 mg/día de media a lo largo de la vida).

De hecho, la investigadora de ISGlobal y primera autora del estudio, Carolina Donat-Vargas, explicó que «se ha sugerido que los cánceres de próstata agresivos y, por tanto, de peor pronóstico, tienen causas etiológicas subyacentes diferentes a los tumores de crecimiento lento con un curso indolente, y nuestros hallazgos confirman esta posibilidad».

Sin embargo, las autoras matizaron que se trata de una primera evidencia que deberá ser refrendada con nuevos estudios, por lo que aún queda mucho camino antes de poder hablar de una relación de causalidad.

Por ello, «exponerse a los nitratos a través del agua de consumo no implica que se vaya a desarrollar un cáncer de próstata», aclaró Carolina Donat-Vargas. «Lo que sí esperamos es que este estudio, junto a otros, pueda contribuir a que se revisen los niveles permitidos de nitrato en el agua de modo que garanticen que no implican un riesgo para la salud humana», concluyó.